Reencuentro 2017

El sábado 14 de octubre se realizó el acto y luego la cena para celebrar el reencuentro de las promociones del IJME egresadas en  1967, 1992 y de los ingresantes del año 1977 del Profesorado de Educación Primaria. Fue una jornada emotiva donde primaron los abrazos, la añoranza de aquellos tiempos de estudiantes y la alegría de volver a recorrer los pasillos del colegio.

El Rector de nuestra institución, en sus palabras alusivas a la fecha, dejó muy en claro cual es la fuerza que sigue atrayéndonos y encontrándonos juntos. Compartimos aquí su discurso que es la llave para seguir apostando por estos momentos:

«Estamos hoy reunidos para celebrar una tradición que forma parte de la memoria institucional de nuestra casa de estudios: el reencuentro de la comunidad del IJME con sus queridos egresados. Y, en esta ocasión, quisiera detenerme en tres palabras que obligadamente salen al paso en un homenaje de este tipo, ellas son: tradición, memoria e institución.

En un tiempo en el que la inmediatez y el puro presente parecen marcar el ritmo de nuestras vidas; en el que la historia y las historias deben quedar atrás para dar paso a lo anecdótico, fugaz e incierto, y donde la novedad se presenta como el verdugo natural de lo viejo; en un tiempo así, digo, cobra enorme valor esta tradición del Estrada. Pues con ella se logra transmitir de generación en generación la historia del instituto, conservando valores tales como el compañerismo, la generosidad, el respeto y la gratitud. Valores que no se ponen en discusión o debate al momento de preparar o celebrar estos actos sino que se practican. Imaginemos qué sería de nosotros si en una institución educativa se debatiera si está bien o mal reencontrarse con las generaciones pasadas. El sólo hecho de que ello ocurriera nos estaría indicando que ese valor no se acepta como algo dado. He aquí entonces la importancia de esta tradición: la de aceptar como una regla no escrita, y fuera de todo debate, que a los miembros del colectivo Estrada se los honra. Un compromiso que no requiere de argumentaciones y que por eso mismo asumimos, sin más, como un valor.     

Porque esta tradición construye memoria en la forma de un ritual que convoca a los que hoy estamos presentes a luchar denodadamente contra el olvido. Cuántos presentes tuvimos que dar para ser parte de la memoria del Estrada, cuánto cuerpo tuvimos que poner en ese ritual cotidiano de atravesar la puerta del instituto, saludar, sentarse, atender, aprender, discutir, reír, molestar, colaborar, enojarse, enamorarse y llorar. Qué enorme telaraña de recuerdos hemos construido para evitar caer en el propio olvido. O mejor, cuánto tuvimos que olvidar de uno mismo (cansancios, enojos, frustraciones, desánimos, impaciencias, tristezas) para forjar la memoria de un colectivo al que pertenecer. Y ello, porque el todo destaca sobre sus partes, porque una institución educativa es un soporte vital para quienes la integramos, una forma de resistir a la soledad, una magnífica excusa para crecer con otros. 

Tradición, memoria e institución, forman las coordenadas de este reencuentro en el que los aquí presentes honramos la historia del instituto, la vida de una comunidad educativa que nos marcó en distinto grado. Miradas, sonrisas, voces y cuerpos imposibles de olvidar, al punto tal que su fuerza invisible es capaz de movernos a la distancia hasta traernos aquí, a este viejo lugar, para volver a mirarnos, sonreírnos, escucharnos y acompañarnos, esto es, reencontrarnos.     

Queridas promociones, bienvenidas una vez más a esta, nuestra casa, donde la memoria de su comunidad se honra».

 

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