Cierre lectivo 2017

«La primera tarea de la educación es agitar la vida,

pero dejarla libre para que se desarrolle».

María Montessori

 

El jueves 14 de diciembre se realizó el acto clausura del ciclo 2017 de nuestro instituto. Con altísimo acompañamiento de la comunidad educativa, funcionarios de General San Martín, familias y vecinos, compartimos dos horas en las que sentimos el paso de todo un año de trabajo. Las banderas de ceremonias cobijaron el encuentro y la cita de la pedagoga María Montessori iluminó todo el efidicio de 25 de mayo.

Se hizo especial reconocimiento a nuestros estudiantes por su participación en actividades culturales, deportivas o intitucionales, se entregaron diplomas a mejores promedios y alumnos con asistencia perfecta, nos deleitamos con un video que recuperó imágenes de todas las actividades impulsadas este 2017 y despedimos con orgullo a:

. la Promoción 2017 de Profesores de Educación Primaria constituida por: Conte, Silvina; Dubosq, Débora; Holtz, Betiana; Patiño, Camila; Potemsky, Vijande, Indira; y

. los egresados de Nivel Secundario: Bisterfeld, Sabrina; Coria Solchman, Maite; Fornerón, Dana; Funk, Rocío; García, Facundo; Gaviot, Delfina; Olivieri, Carmela; Preikel, Nicolás; Sosa Waigel, Agustina; Suarez, Macarena; Zickert, Alana; Zickert, Candela.

A modo de cierre, el rector Maximiliano Lagarrigue nos dejó a todos pensando con su discurso, lo compartimos convencidos de que sí logró con las palabras dar calor a las acciones:

«Estimados alumnos, docentes y personal no docente, egresados, asociación civil, autoridades, familia y público en general.

Una vez más estamos aquí ante la siguiente situación: el director del instituto toma la palabra para dar cierre al ciclo lectivo, mientras la comunidad espera que, con elocuencia, emoción y brevedad (sobre todo), el orador extraiga algunas conclusiones del año que se cierra, condimente su discurso con algún recuerdo o palabra emotiva, y despida así a toda la comunidad, saludando a quienes se marchan: nuestros queridos egresados.

La fórmula hasta ahí parece bastante sencilla, a excepción de un problema: ¿Cómo hacer para poner en palabras el esfuerzo colectivo de un ciclo que culmina? ¿Qué discurso puede dar cuenta de esa masa de acciones, de presencias y de ausencias que hicieron de este año lo que fue?

Shakespeare tenía bastante razón cuando escribía en Macbeth que [muchas veces]  “el calor de las acciones se siente enfriado por las palabras”. Y es que las palabras sirven para enfriar las acciones de los hombres hasta congelarlas y así poder recordarlas, poniendo nombres, pidiendo ayuda, haciendo confesiones o promesas, celebrando contratos, formulando leyes, prescribiendo acciones; en suma, las palabras sirven para elaborar discursos que van contando lo que somos y hacemos, fuimos e hicimos, formando el archivo o memoria de los pueblos, organizando la realidad humana. Pero esos discursos no dejan de ser una parte de la historia, no la historia completa, porque las palabras pese a todo su poder no pueden atrapar aquello que está delante y detrás de esas mismas palabras: los cuerpos, sus pasiones y sus acciones.

Es así que mientras pronuncio estas palabras no puedo poner en palabras todo lo que sentimos e hicimos en y por el instituto en este 2017: el discurso siempre se queda y quedará corto. Y esta diferencia entre las palabras y las cosas constituye la clave de bóveda de la educación: que es la lucha por poner en palabras lo que las cosas son; eso es producir y transmitir conocimientos. Digo “lucha” porque detrás de esas palabras, insisto, hay cuerpos que se esfuerzan por enseñar y por aprender, y sin esa fuerza vital, sin esa maraña agitada de ideas, deseos, carne, nervios, ánimos y desánimos, encuentros y desencuentros, algunos alegres, otros tristes, algunos amorosos, otros odiosos, algunos esperanzadores, otros pesimistas, algunos justos, otros injustos, sin ese ensamble de relaciones que forman a esta comunidad, sin todo eso, digo, no hay educación. Porque la educación se hace poniendo todo el cuerpo, única forma en la que la ausencia de un cuerpo sea alguna vez recordada y honrada.

En tiempos de la posmodernidad, donde las palabras serían creadoras de hechos, donde la promesa de una educación con recursos y de calidad tendría su fiel correlato en la educación que tenemos, no queda más que seguir poniendo el cuerpo en nuestro compromiso renegado pero también apasionado con la tarea de educar. Al fin y al cabo, eso es lo único que sostiene a esta nuestra comunidad: el esfuerzo cotidiano, concreto y mancomunado de docentes y alumnos, comisión directiva y familias, autoridades municipales y provinciales, instituciones locales y zonales, vecinos. A todos ustedes debo mi agradecimiento por saberse eslabones fundamentales del proceso educativo que encarna el IJME, por brindarse ante las urgencias, por estar presentes (poner el cuerpo) ante las ausencias.

Queridos egresados de nivel secundario y de nivel superior, más que un final este es el comienzo de algo que podríamos llamar “el efecto IJME”: el recuerdo en sus acciones de todos aquellos encuentros valiosos que esta comunidad educativa propició. Sea este comienzo entonces motivo de orgullo para nuestra comunidad. Y que el calor de sus nobles acciones venza siempre al frío de las palabras.

Muchas gracias.»

 

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